
Había una vez una pequeña hormiguita que vivía con su mamá y su papá en un gran hormiguero.
Como se acercaba el invierno, todas las hormigas trabajaban muy duro. Las más grandes y las más pequeñas salían cada día a juntar semillas, hojas, palitos y muchas cosas útiles para los días fríos.
Una mañana, la hormiguita encontró una hoja enorme. Era tan grande que parecía una vela de barco.
— ¡Miren lo que encontré! — dijo orgullosa.
Pero justo cuando la llevaba hacia el hormiguero, comenzó a soplar un viento muy fuerte.
El viento sopló y sopló.
Y de pronto…
¡Fuuuush!
La hoja salió volando por el aire con la hormiguita arriba.
— ¡Mamá! ¡Papá! — gritó mientras se alejaba.
Sus padres trataron de seguirla con la vista, pero el viento era tan fuerte que pronto desapareció entre las nubes.
La hormiguita viajó sobre la hoja durante mucho tiempo. Desde arriba vio flores de todos los colores, un arroyo brillante y un bosque lleno de árboles.
Finalmente, la hoja descendió suavemente en un lugar lleno de grandes rocas.
La hormiguita bajó y miró a su alrededor.
— ¿Y ahora cómo volveré a casa? — se preguntó.
Comenzó a caminar entre las rocas, pero eran tan enormes que parecía que nunca terminaría de cruzarlas.
Entonces escuchó una voz desde arriba.
— Hola, hormiguita. ¿Qué haces tan sola?
La hormiguita levantó la vista y vio un pajarito posado en una rama.
Al principio sintió miedo.
— ¿Y si quiere comerme? — pensó.
Pero el pajarito parecía amable.
Así que le contó toda su historia: cómo el viento la había llevado lejos de su hogar y cuánto deseaba volver con su familia.
El pajarito escuchó con atención.
— Tal vez podamos ayudarnos — dijo —.
Estoy construyendo un nido para mi futuro huevito. Si me ayudas a juntar ramitas, después yo te llevaré de regreso a tu hormiguero.
La hormiguita aceptó enseguida.
Durante horas trabajaron juntos. La hormiguita buscaba pequeñas ramas y hojas, mientras el pajarito las acomodaba en el árbol.
Cuando terminaron, el nido quedó fuerte, cómodo y muy bonito.
— ¡Muchas gracias! — dijo el pajarito feliz—.
Ahora es mi turno de ayudarte.
La hormiguita subió con cuidado sobre su espalda.
— ¿Sabes dónde está tu hormiguero? — preguntó el pajarito.
— Recuerdo un campo lleno de flores y un arroyo brillante cerca de casa — respondió ella.
Entonces emprendieron el viaje.
Volaron sobre flores rojas, amarillas y violetas.
Cruzaron el arroyo brillante.
Y finalmente llegaron a un claro del bosque.
Allí había muchas hormigas buscando por todas partes.
La mamá y el papá de la hormiguita estaban muy preocupados.
Cuando vieron al pájaro descendiendo, todas las hormigas corrieron a esconderse.
Pero de pronto vieron algo sorprendente.
Sobre el lomo del pajarito viajaba la pequeña hormiguita perdida.
— ¡Está aquí! ¡Volvió! — gritaron.
Su mamá y su papá la abrazaron muy fuerte.
La hormiguita les contó toda su aventura y les presentó a su nuevo amigo.
Desde aquel día, nunca olvidó que ayudar a los demás siempre trae cosas buenas.
Y así, entre abrazos, sonrisas y nuevos amigos, la pequeña hormiguita volvió feliz a su hogar.
Fin.
